Un gestor de fondos de impacto desafía la narrativa dominante sobre Bitcoin y el medio ambiente con un análisis que no puede ignorarse, aunque tampoco aceptarse sin cuestionamiento
Aún en el 2026, hablar de Bitcoin y medio ambiente, no es algo compatible. El pensamiento predominante es que Bitcoin y la minería “consume demasiada energía, punto”. Pero esa simplificación deja afuera una parte importante del debate que vale la pena explorar.
Hay voces dentro del ecosistema que llevan años cuestionando esa narrativa con argumentos técnicos concretos. Una de ellas es la de un gestor de fondos de impacto que hace cuatro años afirmó que no incluir Bitcoin en una cartera ESG era una negligencia grave. En ese momento lo llamaron loco.
El argumento: 31 razones a favor, 5 en contra
Tras consultar operadores de redes, científicos del clima, ingenieros de minería y expertos en energía renovable, el análisis identificó 21 factores en los que Bitcoin podría ser un positivo ambiental y 5 en los que podría ser negativo. Al ponderarlos por impacto, la relación resultante fue 31:1 a favor. Según ha analizado a detalle el gestor Daniel Batten.
El autor compara esta estructura con la industria solar, que tiene un perfil de impacto similar: no es perfecta, pero su balance neto es positivo. Dato merecedor de atención, pero prestando atención a los matices del hecho que se trata de una métrica interna y no corresponde a un estándar científico universalmente aceptado.
Los tres pilares del argumento ambiental positivo
Según Daniel existen 3 pilares que indican que Bitcoin es positivo a nivel ambiental:
- Mitigación de metano: la minería de Bitcoin puede usar gas metano que de otro modo sería quemado o liberado directamente a la atmósfera.
- Estabilización de redes eléctricas: los mineros pueden actuar como compradores flexibles de electricidad, absorbiendo excedentes en momentos de baja demanda y reduciéndose en picos de consumo.
- Monetización de energía renovable desperdiciada: en zonas remotas donde la energía renovable se genera pero no puede transportarse ni consumirse localmente, la minería de Bitcoin ofrece una forma de monetizarla sin necesidad de infraestructura de transmisión costosa.
El lado oscuro de la minería
Sin embargo, hay datos verificados sobre el consumo de la minería de Bitcoin que no arrojan mucha positividad ambiental:
- La red Bitcoin consume más de 128 TWh por año, superando la demanda energética anual de países como Suecia o Noruega.
- Una gran parte de las instalaciones mineras sigue funcionando con combustibles fósiles. El 52,4% de la energía usada en minería proviene de fuentes no fósiles, lo que significa que casi la mitad todavía depende de fuentes contaminantes. Datos dados más a detalle en el artículo sobre el día de la Tierra.
- El argumento 31:1 no elimina estos números: los contextualiza. Llevando los datos a la forma de una hipótesis que necesita ser corroborada o refutada.
Conclusión
La hipótesis planteada en base al análisis del experto, merece la pena ser comprobada con datos certeros. Arroja una luz sobre el lado no contemplado de la minería de Bitcoin.
En un ecosistema que valora la verificación y la transparencia, aplicar ese mismo estándar al debate ambiental no es opcional. Es necesario.