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La estabilidad dejó de ser el punto. Ahora la pregunta es qué más se puede construir con dinero que funciona como software. 

El término “stablecoin” está camino a ser obsoleto. Esto es lo que piensa Robert Hackett, editor de features y jefe de proyectos especiales de a16z crypto, una de las firmas de venture capital más influyentes del ecosistema cripto.

Lo que el autor plantea es que el término es viejo, porque la palabra nació para describir una solución a la volatilidad del cripto. Pero hoy las stablecoins son mucho más que eso: son infraestructura financiera global, dinero programable que funciona como software. 

El origen que tenía sentido

Las stablecoins nacieron en los primeros años del cripto, cuando la volatilidad era el problema central del ecosistema. Los precios podían caer o subir un 20% en un abrir y cerrar de ojos, lo que hacía imposible usar la tecnología para actividades financieras cotidianas como enviar dinero, ahorrar o prestar.

La solución fue diseñar activos que mantuvieran un valor estable, generalmente anclado al dólar u otras monedas fiat. El nombre fue directo y descriptivo: no una moneda volátil, sino una estable. Describía perfectamente el problema que resolvía.

No obstante, hoy en día las stablecoins van más allá: mueven valor entre fronteras de forma instantánea, liquidan transacciones en segundos, pueden ser usadas directamente por cualquier persona con acceso a internet sin necesidad de un tercero. Hackett postula que esas utilidades son un comportamiento de software, dejando la palabra stablecoin en un lugar que solo señala la solución inicial y no el producto actual. 

¿Entonces hay un nombre mejor?

El autor dice que hay una tendencia a querer renombrarlas con términos tales como: “dinero digital”, “dinero programable”, “activos onchain”. Son más precisos, pero son torpes. Pero la verdad es que en tecnología, el primer término que gana tracción suele quedarse para siempre porque la gente deja de escuchar el significado literal a medida que la palabra evoluciona. 

Hackett lo ilustra con ejemplos cotidianos: todavía “marcamos” números en computadoras de bolsillo que no tienen marcador, todavía ponemos “en copia” a personas en emails que no usan papel carbónico, todavía “filmamos” cosas con dispositivos con dispositivos que no tienen película. Por lo que probablemente las stablecoins sigan siendo stablecoins, aunque muten hacia algo mucho más grande. 

Dicho todo esto, él no cree que el término sea reemplazado o renombrado de manera oficial, sino que tiene la siguiente hipótesis: a medida que la tecnología escale a los billones de dólares, sustente los flujos de pago globales y se vuelva el centro de las aplicaciones financieras del mundo, el nombre va a importar cada vez menos. llegando a la conclusión de que “stablecoin” va a sonar cada vez menos como una descripción y más como lo que siempre fue, una metáfora que quedó de un momento justo antes de que todo cambiara. 

Conclusión

La realidad es que el ecosistema y su comunidad sigue utilizando los primeros términos impuestos, o conocidos, sin pensar realmente si es correcto hacerlo o no. La tecnología ha evolucionado, pero la terminología no tanto. Es que ¿es realmente importante renombrar aquellas cosas que ya no ocupan el mismo lugar que antes? 

Quizás el verdadero cambio de nombre no lo decida la industria cripto sino los millones de personas que empiecen a usarlas sin saber ni importarles cómo se llaman. 

Por Rous Espindola

Rous Espindola, parte del equipo de Cripto La Plata, Community Manager para proyectos web3, con 4 años de experiencia en crecimiento de comunidades digitales.Periodista y escritora. BD & comms en Cripto La Plata. Entusiasta en DeFi y Gobernanza. Embajadora de Arbitrum en Argentina.