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La región atraviesa su peor crisis de confianza electoral en décadas. Las narrativas de fraude proliferan, los organismos electorales son cuestionados y la institucionalidad democrática muestra señales de fatiga. 

Frente a ese escenario, una pregunta incómoda emerge: si los procesos son legítimos, ¿por qué tanta resistencia a herramientas que simplemente los hacen verificables? Distintas mediciones internacionales como el Democracy Index de The Economist Intelligence Unit y Varieties of Democracy (V-Dem) señalan que en 2025 la región experimentó otro año consecutivo de retrocesos democráticos, situando a la mayoría de los países latinoamericanos en las categorías de “democracias imperfectas” o “regímenes híbridos”.

La polarización política es alta y la desconfianza en las instituciones electorales lleva años erosionada. Venezuela desconoció sus propios resultados electorales. Perú llegó a 2026 con ocho presidentes en nueve años. En Colombia, el presidente Petro ha fomentado sistemáticamente narrativas de fraude contra los organismos electorales del país. En Brasil, Bolsonaro cuestionó durante años un sistema de voto electrónico con casi tres décadas de funcionamiento sin presentar pruebas concretas.

Según Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral de Colombia, cuando las narrativas de fraude se presentan sin evidencia ni contraste, minan la confianza en el proceso electoral y pueden convertirse en caldo de cultivo para retrocesos democráticos y regímenes autoritarios.

El resultado es paradójico: los procesos electorales latinoamericanos son simultáneamente cuestionados por quienes pierden y defendidos por quienes ganan, sin que ninguna de las dos posiciones se apoye en evidencia verificable, trazable e independiente.

¿Qué se puede ocultar en una elección analógica?

El informe de la Misión de Observación Electoral de Colombia para 2025-2026 identifica, a través de una Matriz de Riesgos Electorales construida con ocho factores y más de 40 variables, municipios en riesgo extremo por la coincidencia de factores de fraude y violencia en departamentos como Córdoba, Magdalena y La Guajira.

Pero más allá del fraude organizado, existe una segunda categoría de problema que rara vez se discute públicamente: los errores de proceso que se vuelven indistinguibles de la manipulación. Sebastián Berquet, CEO de Voto Libre, lo ilustró con precisión en su conversación con Blockvoz:

“Hubieron en Perú retrasos de apertura de mesas. Es difícil comprobar realmente cuántas mesas no se instalaron a la hora, porque el registro de la apertura se hace manual en el acta. Puede haber habido una mesa que se instaló a las 9 de la mañana, pero no se llenó el acta hasta final del día. El error puede ser de los miembros de mesa. No significa que haya habido un fraude. Pero sin trazabilidad, tampoco se puede probar que no lo hubo.”

Ese es el vacío que las herramientas de transparencia electoral en blockchain buscan cerrar: no necesariamente detectar fraude, sino hacer imposible la confusión entre error y manipulación.

Voto Libre: trazabilidad ciudadana donde las instituciones no llegan

Desarrollada en Perú durante más de dos años y medio, Voto Libre es una aplicación móvil que permite a ciudadanos registrar incidencias, documentar la apertura de mesas de sufragio, cargar fotografías de actas y almacenar esa información en blockchain —incluyendo la red del Banco Interamericano de Desarrollo y Syscoin como red pública— con sellado temporal e imposibilidad de alteración posterior.

Si la información se registra en el momento en que ocurre, con geolocalización y marca de tiempo inmutable, no puede ser modificada después. Lo que el acta diga a las 9 de la mañana no puede ser diferente de lo que diga a las 6 de la tarde.

Berquet fue claro sobre el efecto disuasorio que esto genera:

“La existencia de una aplicación que permita al ciudadano hacer observación electoral real en una mesa ya inhibe muchísimas probabilidades o formas de hacer trampa. Si los miembros de mesa solo hay uno y abre la mesa cuando deberían ser tres, lo puedo reportar con una fotografía. Puedo insistir a que se anule la mesa dentro del marco legal peruano.”

La herramienta ya operó en primera y segunda vuelta de las elecciones presidenciales peruanas de 2026 y en Honduras el año anterior. Voto Libre también registra su información en la blockchain del BID y en contratos propios sobre Syscoin, lo que permite el acceso tanto a usuarios institucionales como al ciudadano común.

La pregunta incómoda: ¿por qué la resistencia?

Berquet también habló de algo que pocas veces se admite públicamente: la resistencia institucional. Presentó la herramienta a organismos electorales, congresistas, aspirantes a la presidencia y operadores políticos de varios países. La respuesta fue paradójica.

“Todos quieren transparencia y que se sepa la verdad, pero por el otro lado hay resistencia”, señaló. Y agregó algo revelador: “Ha sido una experiencia tan enriquecedora de saber cuántas formas hay de hacer trampa, que sobre ello hemos podido ajustar ciertas cosas del sistema.”

Cuando la narrativa del fraude funciona como herramienta política, la transparencia real es una amenaza para quien la utiliza, independientemente de que los procesos sean o no fraudulentos. Blockchain no solo haría verificable el resultado: haría verificable quién intentó cuestionarlo sin evidencia.

Por Andres Peña

Periodista y comunicador social, con 5 años de experiencia en Web3. Actualmente es Community Manager de ChatterPay, y cofundador de HealthProof y Nodo Zero. Anteriormente fue embajador, redactor y editor de BeInCrypto en Español.