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En el panel Sistema Financiero 2030 del Blockchain Summit LATAM, Lorena Ortiz planteó la tensión que el ecosistema evita discutir: digitalización masiva y pérdida de privacidad van de la mano 

Lorena Ortíz planteó algo interesante, en el marco de la Blockchain Summit Latam 2026. Plantea que más del 70% de la población mundial tiene celular. Más del 70% tiene acceso a internet. Y aun así, millones de personas siguen sin poder abrir una cuenta bancaria, recibir un crédito o simplemente guardar su dinero en algún lugar seguro. La tecnología democratizó el acceso a la información pero no terminó de democratizar el acceso al dinero. 

El precio de la inclusión

Para 2030, la inclusión digital va a crecer. Eso no está en duda, la tecnología se vuelve más barata, más rápida y más accesible cada año. Más personas van a poder acceder a servicios financieros desde un celular. En ese sentido, el futuro cercano es genuinamente optimista.

Pero Ortiz no se quedó con esa parte del argumento. Lo que señaló es que el modelo que se está construyendo, centrado en CBDCs y stablecoins como infraestructura base, viene con una pérdida estructural que casi nadie en el ecosistema está nombrando con claridad. La privacidad será el costo a pagar a futuro.

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Lo que el efectivo hace y las CBDCs no pueden 

Cuando se utiliza el efectivo para realizar pagos, esa transacción se convierte en una transacción fantasma, ya que no queda registrada en ningún lugar. Nadie sabe cuánto gastaste, en qué, cuándo ni dónde. Esa capa de privacidad existe hace siglos y la damos por sentada sin pensar mucho en ella. 

Las CBDCs son lo opuesto. Son dinero digital emitido y controlado por el Estado. Cada transacción es visible, trazable y almacenada. Y las stablecoins, aunque emitidas por privados, operan sobre infraestructuras igualmente trazables. 

El argumento de Ortiz no es que eso sea necesariamente malo. Es que implica un trade-off complejo, lleno de matices grises. Ya que,  a cambio de más inclusión, cedemos privacidad. Y esa cesión no es reversible una vez que la infraestructura está construida. 

¿Hay una conversación que el ecosistema está evitando?

Lo incómodo del planteo de Ortiz es que viene desde adentro. No es una crítica externa al mundo cripto, es alguien que conoce la tecnología, entiende sus capacidades y aún así ve el riesgo. Bitcoin, con su diseño original, preserva cierta privacidad. Las CBDCs, explícitamente, no. 

El ecosistema habla mucho de libertad financiera. Pero libertad financiera sin privacidad es un concepto vacío. Si cada transacción queda registrada y disponible para gobiernos y corporaciones, el sistema digital que se está construyendo puede ser más eficiente que el anterior, pero no necesariamente más libre. 

Conclusión

Como cierre queda por reflexionar seriamente sobre las decisiones sobre infraestructura financiera que se están tomando. Ya que hay que tener en cuenta que son las que definirán qué sistema se heredará en el 2030. Y ciertamente que en esa ecuación la privacidad debería tener el mismo lugar en la conversación que la inclusión. 

Ortiz no propone frenar la digitalización. Propone que mientras celebramos que más personas van a poder acceder al sistema financiero, también preguntemos qué tipo de sistema es ese. Porque no es lo mismo incluir a las personas en un sistema abierto que incluirlas en uno vigilado.

Por Rous Espindola

Rous Espindola, parte del equipo de Cripto La Plata, Community Manager para proyectos web3, con 4 años de experiencia en crecimiento de comunidades digitales.Periodista y escritora. BD & comms en Cripto La Plata. Entusiasta en DeFi y Gobernanza. Embajadora de Arbitrum en Argentina.