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La Operación “Patrimonio Oculto” detuvo a 22 personas en tres regiones del país. La red usó empresas fachada, “presta cuentas” y conversión en criptoactivos para mover dinero del narcotráfico al extranjero. No es el primer caso: en 2025 una operación similar reveló $13,5 millones lavados con el mismo esquema.

El 22 de abril de 2026, la Policía de Investigaciones de Chile (PDI) ejecutó la Operación “Patrimonio Oculto”, desarticulando una red criminal vinculada al Tren de Aragua con detenidos en las regiones de Valparaíso, Metropolitana y Coquimbo. En total, 22 personas fueron arrestadas por tráfico de drogas y lavado de activos.

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La investigación comenzó por un caso de microtráfico en Viña del Mar y fue revelando una estructura más compleja: una organización que recibía droga desde el norte del país para distribuirla en la zona central, mientras construía un sistema paralelo para blanquear las ganancias. El monto lavado supera los 4.000 millones de pesos chilenos, equivalentes a aproximadamente USD 4 millones.

Cómo funcionaba el esquema

El mecanismo de lavado tenía tres capas. La primera era la fachada empresarial: sociedades con dueños o capitales venezolanos que daban apariencia de actividad comercial legítima al flujo de dinero.

La segunda era el sistema de “presta cuentas”, personas con cédula chilena vigente que abrían o prestaban cuentas bancarias para fraccionar depósitos de dinero ilícito en montos pequeños, evitando los umbrales que activan los controles del sistema financiero. La PDI analizó más de 200 cuentas corrientes en el marco de la investigación.

La tercera capa, y la que conecta este caso con el ecosistema cripto, era la conversión final: una vez fragmentado y dispersado a través del sistema bancario chileno, el dinero se convertía en criptomonedas y se transfería al extranjero, presumiblemente hacia Venezuela u otros destinos. Las transferencias rápidas a criptoactivos permitían cruzar fronteras sin pasar por los controles de divisas o el sistema bancario internacional.

En junio de 2025, la PDI ejecutó la Operación “Tren del Mar”, que detuvo a 52 personas y desmanteló una red que había lavado alrededor de USD 13,5 millones utilizando el mismo esquema: empresas fachada, presta cuentas y conversión en criptomonedas. El monto de la operación de abril 2026 es menor, pero el modus operandi es prácticamente idéntico.

Lo que ambos casos sugieren es que el Tren de Aragua no opera con una estructura financiera improvisada, sino con un modelo replicable y probado que se adapta a distintas células y regiones. Las criptomonedas no son el núcleo del esquema, sino la última etapa: la que permite sacar el dinero del sistema financiero formal chileno y moverlo sin fronteras.

El rol de las criptomonedas en el lavado de activos

Las criptomonedas no son la causa del lavado de activos en estos casos: son una herramienta dentro de un esquema más amplio que comienza con efectivo, empresas ficticias y cuentas bancarias convencionales. El crimen organizado usa cripto en la etapa de salida porque facilita la velocidad y la movilidad transfronteriza, no porque sea anónimo por defecto.

De hecho, la transparencia de la blockchain es uno de los elementos que permite a las autoridades rastrear los flujos una vez identificada la dirección de origen. La PDI trabajó en este caso con análisis de más de 200 cuentas y seguimiento de transferencias, lo que incluye el rastreo on-chain de los criptoactivos involucrados.

El problema no es la tecnología, sino la ausencia de controles en el punto de conversión: los exchanges o canales informales donde el dinero fragmentado del sistema bancario se convierte en cripto sin los controles de identidad y origen de fondos que exige la regulación.

Por Andres Peña

Periodista y comunicador social, con 5 años de experiencia en Web3. Actualmente es Community Manager de ChatterPay, y cofundador de HealthProof y Nodo Zero. Anteriormente fue embajador, redactor y editor de BeInCrypto en Español.