Mercedes FEDI

Mercedes, del sur de Yucatán, describe a México al día en tecnología por su cercanía con Estados Unidos, pero con una adopción desigual. Su proyecto lleva esa lectura a comunidades rurales con Bitcoin y FEDI.

Mercedes vive en el sur de Yucatán y su lectura sobre México parte de la geografía. Al ser vecino de Estados Unidos, el intercambio es inmediato y el desarrollo tecnológico va prácticamente al día. Esa es su primera caracterización del país en materia de tecnología y criptoactivos: alta exposición y alta velocidad.

La segunda parte matiza el diagnóstico. México es una sociedad altamente estratificada. No todos pueden beneficiarse de esa tecnología. La adopción avanza, pero su distribución es desigual. Esa brecha marca dónde su proyecto decide intervenir.

Su foco es el área rural de Yucatán. Allí la adopción la ve más viable en mujeres, porque concentran la mayor vulnerabilidad económica. Son productivas —tejen hamacas, bordan textiles, extraen miel— pero sin educación financiera y sin control sobre el resultado de lo que producen. Esa es la población que queda más fuera del sistema bancario.

El proyecto que impulsa responde a esa lectura del país. Ofrece educación digital financiera con prioridad en mujeres, sin excluir a hombres. No es un programa bancario. Es formación para administrar lo que ya se produce. El territorio elegido es el sur de Mérida, donde hace más de treinta años sacerdotes crearon una escuela agrícola maya para cultivar sin pesticidas ni fertilizantes químicos.

Sobre esa base, Mercedes explica el rol de Bitcoin. Para su equipo, la criptomoneda representa una oportunidad porque permite transacciones inmediatas sin intermediarios. Describe el horizonte como casi utópico: que las familias sean autónomas en sus intercambios. Reconoce que es un proceso, no un resultado inmediato.

Qué ve en Bitcoin para una población fuera del sistema bancario

La utilidad que destaca es práctica. Al estar fuera del sistema bancario, muchas familias no tienen rieles formales para mover valor. Bitcoin, en su relato, cubre ese vacío como herramienta de intercambio directo. No lo presenta como apuesta de precio. Lo presenta como medio para mover lo producido.

Lightning Network (la red de pagos instantáneos que corre sobre Bitcoin) es el componente que hace viable el uso cotidiano. Permite que una operación se acredite enseguida en el celular. Ese detalle importa porque, aun con analfabetismo o analfabetismo funcional, el acceso al teléfono está extendido. El celular es el punto de entrada a la billetera.

El aprendizaje que describe acompaña esa herramienta. El equipo trabaja nociones básicas —qué es el dinero, qué es el sistema fiat (el dinero emitido por el Estado sin respaldo físico)— con ejemplos cotidianos. La inflación no se define de forma académica. Se entiende por experiencia y se ejemplifica con una frase común en México: si no te alcanza, le echas más agua a los frijoles.

Otro ejemplo que usa es la miel. Su producción es limitada y estacional. Esa escasez ayuda a explicar la escasez programada de Bitcoin, con tope de 21 millones de unidades. No es un dinero abundante. Su valor se asocia a esa limitación. Son paralelos desde la cultura popular y la cosmovisión local, no desde un manual técnico.

Mercedes subraya que el intercambio es bidireccional. Mientras enseña nociones de Bitcoin, el equipo aprende de las comunidades cómo sembrar a más de 40 grados sin pesticidas o cómo controlar plagas sin químicos. Esa reciprocidad, dice, hace que el modelo comunitario de Bitcoin resulte familiar para quienes ya se organizan de forma colectiva.

FEDI como custodia compartida para la autonomía colectiva

El segundo elemento que explica es FEDI (protocolo de billeteras federadas con custodia compartida sobre Bitcoin). Para su equipo, FEDI es la herramienta que permite un grado de autonomía financiera en comunidad.

Su argumento es directo. La custodia individual no es viable en este contexto. Entender y gestionar de forma aislada conceptos como la frase semilla y el respaldo de claves exige condiciones que una persona sola no siempre reúne. Comprender Bitcoin no alcanza si no hay una estructura que sostenga su uso seguro.

FEDI resuelve ese punto en clave colectiva. Permite crear de forma conjunta una federación donde la custodia se comparte entre miembros de confianza. La autonomía no se plantea como logro individual. Se plantea como capacidad del grupo cuando cuenta con la herramienta adecuada.

Para Mercedes, esa es la diferencia central. Individualmente, la comunidad no dispone de todos los elementos para ser autónoma. Colectivamente, sí puede reunirlos si accede a una infraestructura como FEDI. No hay, en su visión, una razón para que el país quede al margen de esa posibilidad, pero su implementación pasa por lo comunitario, no por la adopción aislada.

Por Rous Espindola

Rous Espindola, parte del equipo de Cripto La Plata, Community Manager para proyectos web3, con 4 años de experiencia en crecimiento de comunidades digitales.Periodista y escritora. BD & comms en Cripto La Plata. Entusiasta en DeFi y Gobernanza. Embajadora de Arbitrum en Argentina.