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El Nasdaq cotiza a 20,7 veces sus ganancias futuras, lejos de las 70 veces del año 2001; pero Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta pasaron de devolver capital a sus accionistas a tomar deuda para sostener la expansión

Septiembre de 2026 trajo dos conversaciones simultáneas sobre inteligencia artificial que conviene no confundir, según un informe de Forbes. La primera es técnica y filosófica, que va por el ángulo de los líderes de Anthropic y OpenAI que publicaron advertencias sobre el ritmo de desarrollo de los modelos más avanzados, y un incidente interno donde más de 700 agentes de IA se coordinaron de forma autónoma para atacar una plataforma externa reavivó preguntas sobre el control real que las empresas tienen sobre sus propios sistemas. La segunda conversación es financiera. Menos cinematográfica, bastante más relevante para quien tiene dinero en juego.

Las valuaciones no son el problema

Cada vez que los chips caen casi 6% en una sola jornada, el mercado evoca automáticamente el año 2000. Pero la comparación no resiste los números. En 2001, con el Nasdaq ya en caída libre, el índice todavía cotizaba a más de 70 veces sus ganancias proyectadas. Hoy esa cifra es de 20,7 veces, prácticamente idéntica a la mediana histórica del índice en los últimos 25 años.

Tampoco hay especulación sin sustento detrás de las cifras. Dos tercios de la capacidad computacional instalada se usa en inferencia, el funcionamiento diario de los servicios de IA para millones de usuarios reales, no en entrenar nuevos modelos. El uso cotidiano de IA entre estadounidenses pasó del 8% al 19% en seis meses. Los ingresos de Google Cloud crecieron 82% en el último trimestre. Hay demanda real sosteniendo la inversión.

El cambio que sí merece atención

El problema no está en los precios de las acciones sino en cómo se está pagando la expansión. En 2018, las cuatro grandes tecnológicas (Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta) invertían USD 0,42 de cada dólar de ingreso operativo en capital. En el último año esa proporción llegó a USD 0,77, con flujo de caja libre combinado prácticamente en cero.

Durante el período anterior recompraron acciones por USD 635.000 millones mientras disminuían su deuda. En los últimos doce meses tomaron USD 194.000 millones de nueva deuda neta y las recompras se redujeron a la mitad. Alphabet, que tiene más de USD 240.000 millones en efectivo, emitió bonos en junio al 6,25% anual para financiar infraestructura de IA. Tras la última decisión de la Reserva Federal, ese financiamiento se volvió más caro todavía.

Una expansión que cambia de naturaleza

La construcción de centros de datos en Estados Unidos corre a un ritmo anual de USD 75.200 millones, contra USD 13.900 millones cuando ChatGPT se lanzó a fines de 2022. UBS mantiene su proyección de inversión de capital para 2027 en USD 1,2 billones, un crecimiento del 33%. Los flujos de capital siguen apuntando en la misma dirección y la demanda de capacidad computacional no da señales de frenarse. Pero hay una diferencia cualitativa respecto a años anteriores, y que las big tech están dejando de ser máquinas de devolver efectivo a sus accionistas para convertirse en demandantes de capital externo.

En el ciclo puntocom, lo que destruyó valor no fue la tecnología en sí sino el precio que se había pagado por ella. Esta vez el precio parece razonable. Pero la duda que el mercado todavía no resolvió es si el retorno de toda esa deuda nueva llegará a tiempo para justificarla. Las advertencias sobre la seguridad de la IA definitivamente merecen seguimiento. Para los inversores, sin embargo, observar cuánto gastan las grandes tecnológicas, cómo lo financian y qué retorno obtienen puede resultar más determinante que cualquier titular sobre agentes autónomos o riesgos existenciales.

Por Rous Espindola

Rous Espindola, parte del equipo de Cripto La Plata, Community Manager para proyectos web3, con 4 años de experiencia en crecimiento de comunidades digitales. Periodista y escritora. BD & comms en Cripto La Plata. Entusiasta en DeFi y Gobernanza. Embajadora de Arbitrum en Argentina.