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La CEPAL proyecta que la región mantendrá un crecimiento débil en 2026 y 2027 por una trampa de baja inversión y productividad, aun cuando la inflación siga contenida.

América Latina y el Caribe crecerán 2,2% en 2026 y 2,5% en 2027, por debajo de su potencial y sin fuerza para elevar el ingreso por habitante de forma sostenida.

Así lo estimó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Lo hizo en su informe presentado el 20 de agosto en Santiago, difundido por Reuters a partir del despacho de Fabián Andrés Cambero.

El cálculo rebaja la expansión prevista y confirma la pérdida de impulso respecto de 2025. La región había crecido 2,4% el año pasado y la CEPAL había proyectado 2,3% para 2026 en diciembre. El nuevo 2,2% implica una desaceleración adicional en un contexto internacional más complejo.

La inflación, en cambio, permanecería contenida y convergería de forma gradual hacia las metas de los bancos centrales. El déficit de cuenta corriente se mantendría en niveles moderados y el empleo seguiría expandiéndose, aunque a un ritmo cada vez menor, con la desocupación cerca de mínimos históricos.

El organismo atribuye el freno a factores estructurales propios más que al entorno externo. Habla de una trampa de baja capacidad para crecer, marcada por inversión insuficiente para ampliar la capacidad productiva, productividad estancada y empleo formal de calidad escaso.

Incluso si las condiciones externas mejoran de forma gradual en 2027, la región completaría cinco años consecutivos con un promedio cercano a 2,3%. Ese ritmo, advierte la CEPAL, no alcanza para cerrar brechas de desarrollo.

Preservar la estabilidad macroeconómica sigue siendo condición necesaria, pero no suficiente para acelerar el crecimiento. La CEPAL pide articular esa estabilidad con políticas de desarrollo productivo, innovación, transformación digital e integración regional.

¿Por qué la región crece poco aunque la inflación cede?

La CEPAL describe un entorno internacional más complejo para la región en los próximos dos años. Menciona menor crecimiento mundial, elevada incertidumbre geopolítica y financiera y mayores presiones sobre los mercados de energía. Ese cuadro explica parte de la desaceleración de 2026, pero no es la limitación principal.

El núcleo del diagnóstico está adentro. La inversión no alcanza para ampliar la frontera productiva. La productividad crece de forma débil y persistente. La informalidad limita la generación de empleo formal y reduce la base para sostener ganancias de ingreso por habitante.

Las proyecciones por país muestran esa heterogeneidad. Brasil, la mayor economía regional, crecería 2,2% en 2026 y 2,2% en 2027. México avanzaría 1,3% este año y 1,9% el próximo. Argentina llegaría a 3,3% en 2026 y 3,4% en 2027.

Colombia registraría 2,6% en 2026 y 2,5% en 2027, mientras Perú marcaría 3,2% y 3,3%, respectivamente. Venezuela, con una base más baja y una dinámica propia, crecería 6,5% en ambos ejercicios, según la estimación del organismo de Naciones Unidas.

El mensaje de fondo es que la estabilidad nominal no se traduce en dinamismo. Sin más inversión y sin saltos de productividad, la región preserva equilibrios pero no despega. Esa combinación deja al crecimiento por debajo del potencial y prolonga la convergencia lenta.

¿Qué propone la CEPAL para romper la trampa?

La CEPAL plantea fortalecer el espacio de las políticas macroeconómicas y combinarlas con una agenda de desarrollo productivo. Incluye innovación, transformación digital e integración regional como palancas para elevar la inversión y acelerar la productividad.

El énfasis en transformación digital conecta con un debate que atraviesa a la economía real de la región. En los últimos dos años, rieles de pago con stablecoins (criptomonedas atadas al dólar), billeteras digitales y tokenización de activos ganaron tracción en Brasil, Argentina, Colombia y México. Operan como vías para reducir costos de transacción y ampliar la inclusión financiera.

Ese avance no aparece como tal en el informe de la CEPAL, centrado en variables macro. Pero el vínculo es directo: digitalizar pagos y formalizar flujos puede sumar productividad en servicios y comercio, y dar mayor trazabilidad a ingresos hoy informales.

La integración regional es la otra pieza citada por el organismo. En un mapa fragmentado, la escala importa para que la inversión productiva encuentre mercado. Brasil ya opera bajo la ley 14.478 de activos virtuales, Chile bajo la Ley Fintec y Argentina con el registro de proveedores de servicios de activos virtuales de la CNV.

Colombia, en cambio, aún discute su marco sin radicar el proyecto en el Congreso. Ese descalce regulatorio encarece la expansión de servicios financieros digitales entre países vecinos y deja margen para arbitraje.

La CEPAL no anticipa un deterioro macro abrupto. Proyecta inflación contenida, cuentas externas moderadas y empleo todavía en expansión. El riesgo que describe es otro: una estabilidad de baja velocidad, que evita crisis pero tampoco genera empleos formales suficientes ni cierra la brecha con economías de mayor productividad.

Por Andres Peña

Periodista y comunicador social, con 5 años de experiencia en Web3. Actualmente es Community Manager de ChatterPay, y cofundador de HealthProof y Nodo Zero. Anteriormente fue embajador, redactor y editor de BeInCrypto en Español.