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Un estudio del MIT Media Lab respalda su advertencia, y plantea el desafío de enseñar metacognición junto a la IA.

Sam Altman, CEO de OpenAI, cuestionó durante su participación en el curso Stanford CS153 (Frontier Systems) que el sistema educativo prácticamente no haya cambiado desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022. Advirtió que si se sigue enseñando como en “un mundo pre-AGI”, se va a generar una atrofia del pensamiento crítico en los estudiantes. 

Un estudio del MIT Media Lab avala dicho pensamiento. 

La advertencia de Altman

Sam Altman, CEO de OpenAI, expresó su desconcierto ante la lentitud con la que el sistema educativo evolucionó desde la llegada de ChatGPT en 2022. Durante su participación en el curso Stanford CS153: Frontier Systems, el ejecutivo advirtió que si se continúa enseñando a los estudiantes como si el mundo siguiera siendo pre-AGI, el resultado va a ser una atrofia del pensamiento crítico. 

“Si continuamos enseñando a los estudiantes como si estuviéramos en un mundo pre-AGI, va a generar una atrofia del pensamiento crítico”, afirmó Altman, visiblemente frustrado por la falta de transformación en las aulas más de tres años después del lanzamiento del chatbot que popularizó la IA generativa. Para el CEO de OpenAI, la irrupción de esta tecnología debió haber catalizado un rediseño profundo de los métodos de enseñanza, pero ese cambio sistémico todavía no se materializó. 

La evidencia detrás del diagnóstico

Las advertencias de Altman se apoyan en un cuerpo creciente de investigación que documenta lo que los especialistas llaman “atrofia cognitiva” o “atrofia epistémica”. Es decir, la erosión de la capacidad y la voluntad de pensar críticamente cuando se delegan de forma sistemática los procesos cognitivos a la inteligencia artificial.

Un estudio del MIT Media Lab siguió a estudiantes que escribían ensayos utilizando tres métodos distintos: modelos de lenguaje tipo ChatGPT, buscadores tradicionales, o ninguna herramienta digital. El grupo que usó modelos de lenguaje mostró la conectividad cerebral más débil de los tres, con una actividad cognitiva que se reducía en proporción directa a lo que delegaban en la herramienta. Un dato que resume el problema: la mayoría de esos estudiantes no podía recordar lo que acababa de escribir. La tarea se completaba, pero el aprendizaje no ocurría.  

El desafío de rediseñar el sistema

El planteo de Altman no es prohibir la IA en las aulas, sino repensar qué se enseña y cómo se evalúa. Si buena parte de las tareas que hoy ocupan el currículo (redactar, resumir, resolver ejercicios estructurados) ya pueden resolverse con IA generativa, el sistema educativo necesita correr el foco hacia habilidades que la tecnología no reemplaza. Tales como el juicio crítico y la metacognición, entendida como la capacidad de pensar sobre el propio proceso de pensamiento. 

Esto implica una función distinta para la IA en el aula, como una aliada que potencia el proceso de aprendizaje, siempre que el diseño pedagógico obligue a ejercitar el juicio propio antes, durante o después de usar la herramienta. 

El planteo de Altman pone en foco una tensión que crece a la par de la adopción de IA generativa en la educación: la misma herramienta que promete personalizar y acelerar el aprendizaje puede, mal utilizada, debilitar exactamente las capacidades que la educación busca desarrollar. 

La evidencia del MIT Media Lab le da sustento empírico a esa preocupación. El desafío que queda planteado (y que todavía no tiene resolución en la mayoría de los sistemas educativos) es cómo diseñar procesos donde el juicio humano y la IA se potencien mutuamente, en lugar de que uno reemplace al otro.

Por Rous Espindola

Rous Espindola, parte del equipo de Cripto La Plata, Community Manager para proyectos web3, con 4 años de experiencia en crecimiento de comunidades digitales.Periodista y escritora. BD & comms en Cripto La Plata. Entusiasta en DeFi y Gobernanza. Embajadora de Arbitrum en Argentina.