El banco central emitió el 14 de abril una circular que abre el acceso bancario a los proveedores de activos virtuales aprobados por la nueva autoridad regulatoria del país. El movimiento sigue a la aprobación de la Virtual Assets Act 2026 y posiciona a Pakistán como uno de los mercados emergentes más activos en regulación cripto.
El 14 de abril de 2026, el Banco Central de Pakistán (State Bank of Pakistan, SBP) emitió la circular BPRD No. 10 de 2026, poniendo fin formal a ocho años de restricciones bancarias hacia el sector cripto. El banco central notificó a todos los bancos e instituciones financieras del país que la prohibición de prestar servicios cripto ha sido levantada, aunque los bancos siguen impedidos de invertir, operar o mantener activos digitales con sus propios fondos o los depósitos de sus clientes.
La apertura no es amplia ni indiscriminada. Solo las empresas que cuenten con una licencia válida emitida por la Pakistan Virtual Assets Regulatory Authority (PVARA) pueden acceder al sistema bancario, mientras que la actividad sin licencia queda fuera de los canales formales. Es una integración regulada, no una desregulación.
La base legal: Virtual Assets Act 2026
La circular del 14 de abril sigue a la aprobación de la Virtual Assets Act 2026 el mes anterior, que creó la PVARA como regulador dedicado para las actividades relacionadas con activos virtuales, desmantelando efectivamente el entorno restrictivo que existía desde la prohibición de 2018.
La PVARA es el eje del nuevo sistema: licencia, regula y supervisa al sector. Sin su aprobación, ninguna empresa cripto puede acceder a cuentas bancarias ni operar dentro del marco formal. Los bancos también tienen permitido abrir cuentas de propósito limitado para empresas que estén en proceso de obtener licencia, aunque los servicios bancarios completos solo se habilitan una vez completado el proceso regulatorio.
Qué pueden y qué no pueden hacer los bancos
La circular establece límites claros. Los bancos pueden abrir y mantener cuentas para proveedores de servicios de activos virtuales (VASPs) licenciados, con requisitos estrictos de debida diligencia, verificación de licencias y monitoreo continuo de transacciones.
Los bancos deben abrir cuentas de dinero de cliente (Client Money Accounts) dedicadas para cada VASP, denominadas en rupias pakistaníes, con separación estricta entre los fondos de la empresa y los de sus clientes. Estas cuentas no pueden generar intereses, no admiten depósitos ni retiros en efectivo, y los fondos en ellas no pueden usarse como garantía para créditos.
Cualquier actividad sospechosa bajo las normas antilavado o de financiamiento al terrorismo debe reportarse inmediatamente a la Unidad de Monitoreo Financiero de Pakistán. Los bancos no se liberan de sus obligaciones existentes en materia cambiaria solo por operar con empresas cripto.
Por qué importa este mercado
Pakistán no es un mercado marginal en el ecosistema cripto global. Es uno de los países con mayor adopción de activos digitales del mundo, impulsado en parte por una población joven, una diáspora numerosa que envía remesas y una moneda local históricamente presionada. Durante años, esa actividad ocurrió fuera del sistema bancario formal, en un limbo regulatorio que generaba riesgos tanto para los usuarios como para el gobierno.
El marco regulatorio también se conecta con planes más amplios: en diciembre de 2025, el gobierno de Pakistán y Binance firmaron un memorando de entendimiento para explorar la tokenización de hasta $2.000 millones en bonos, letras del tesoro y reservas de commodities. Ese mismo mes, el presidente de la PVARA anunció planes para acelerar la adopción cripto, aprovechar la minería de Bitcoin y lanzar una stablecoin nacional.
La decisión de Pakistán se alinea con una tendencia global hacia la adopción regulada de cripto en lugar de prohibiciones directas. Al permitir que los bancos apoyen a empresas licenciadas mientras se aplican controles estrictos, el país se posiciona para capturar innovación sin abandonar las salvaguardas financieras.
El movimiento llega en un momento en que varios mercados emergentes de Asia y Medio Oriente están diseñando marcos regulatorios propios para el sector. Para Latinoamérica, el caso pakistaní es un referente relevante: demuestra que es posible transitar de una prohibición explícita hacia un modelo de integración supervisada sin abrir la puerta a la especulación bancaria con fondos de clientes.