El CEO de OpenAI reconoció en una entrevista con el podcaster David Senra que sobreestimó cuán rápido la inteligencia artificial transformaría a las empresas. La adopción individual voló; la economía, dice, se mueve despacio.
Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI (la empresa detrás de ChatGPT), admitió que falló en una predicción central sobre la inteligencia artificial: la velocidad. “Me equivoqué en algunas cosas, pero una de ellas, en lo que respecta a la velocidad, es que la economía tiene muchísima inercia”, dijo. Lo recogió el diario La Vanguardia a partir de una entrevista con el podcaster David Senra.
Altman esperaba que, tras la llegada de GPT-4 en 2023, el cambio fuera casi inmediato. “Iba a haber muchos más cambios en el sector del software, que se iba a abrir a la competencia de inmediato, de lo que realmente hubo”, reconoció. La realidad fue más lenta: “Hemos sido demasiado ambiciosos con los plazos; la sociedad y la economía se adaptarán de manera más lenta”.
Su explicación es que las personas y las empresas cambian de hábitos con dificultad. “La gente sigue haciendo las mismas cosas, comprando a la misma empresa, queriendo usar sus herramientas de la misma forma”, señaló en la entrevista, publicada el 23 de agosto.
El contraste es con el uso individual. Una persona adopta ChatGPT en minutos. Una empresa necesita integrar sistemas, proteger datos, migrar plataformas y capacitar al personal. Ese desfase, según Altman, explica por qué el impacto tardó más de lo que anticipó.
Aun así, lo presenta como una ventaja. Una transición gradual, argumenta, reduce el riesgo de una disrupción laboral abrupta y permite adoptar la tecnología con más control. “Hará que esta gran transición sea más suave y más lenta”, dijo, según reportó The Next Web.
En la misma charla afirmó que la IA todavía no tuvo su “momento iPhone”. “Tenemos todas las piezas tecnológicas, pero no hemos tenido el momento iPhone”, sostuvo, en alusión al salto de uso masivo que trajo el teléfono de Apple en 2007.
¿Qué significa esto para América Latina?
La región encaja en el patrón que describe Altman. La adopción de ChatGPT a nivel usuario fue rápida —Brasil y México están entre los mayores mercados de OpenAI—, pero la digitalización de las empresas avanza más despacio.
El tejido productivo latinoamericano está dominado por pymes y por trabajo informal. Ahí, integrar software, asegurar conectividad y formar al personal son barreras más altas que en las economías avanzadas. La “inercia” que menciona Altman se siente con más fuerza.
El ejecutivo también anticipó “el mayor boom de gente creando pequeñas empresas que hayamos visto”. En una región donde el emprendimiento chico ya es la norma, por necesidad tanto como por oportunidad, herramientas de IA baratas podrían bajar el costo de arrancar un negocio.
OpenAI viene mirando a la zona. En julio de 2026, el fundador de Nubank, el colombiano David Vélez, se sumó a su junta directiva.
Un giro de discurso en plena euforia inversora
El reconocimiento llega mientras el sector discute si hay una burbuja de inversión en IA, con cifras enormes en centros de datos, chips y valoraciones. En agosto, Altman ya había pedido moderar el entusiasmo de los inversores y advertido que algunos “se van a quemar”.
Sus dichos matizan las promesas de reemplazo inmediato de empleos y de una reorganización acelerada de industrias enteras. No cambian la apuesta de fondo de OpenAI. Altman describe a la compañía como “una plataforma, no un producto” y sostiene que la tecnología llegará, solo que la economía la absorberá a su propio ritmo.
Para el lector, sirve como termómetro de expectativas. Si el propio impulsor del boom pide alargar los plazos, los planes de adopción, públicos y privados, pueden calibrarse con más realismo.
