Un informe de la compañía describe dos campañas de influencia, una rusa y otra iraní, en las que la IA fue más asistente administrativo que arma principal
OpenAI informó que bloqueó cuentas de ChatGPT ligadas a dos operaciones de influencia encubiertas, una originada en Rusia y otra en Irán. La rusa, apodada “Dark Clark”, apuntó a países latinoamericanos, con foco en Argentina y Bolivia. Es la primera que la compañía ubica en la categoría 5 de su escala de alcance, que va de 1 a 6. Para una región donde la información política y financiera circula rápido por redes y audios, el caso muestra cómo se fabrican engaños con apariencia institucional.
Un centro de estudios con empleados que no sabían para quién trabajaban
Los operadores manejaban el Centro de Investigación Social (SRC), una supuesta plataforma de análisis centrada en India y América Latina, mediante una identidad ficticia llamada “Mia Clark”. Según los informes internos que OpenAI revisó, decidían contrataciones, salarios y proyectos. Todo parece indicar que el personal local trabajaba inocentenmente, de buena fe, sin saber que respondía a un grupo ruso. El sitio del SRC acumulaba más de 60 artículos, en su mayoría originales. Para OpenAI, esto apunta a una fachada pensada para durar en el tiempo.
Engaños que llegaron a la prensa y a los gobiernos
Los operadores contaron en sus reportes que enviaron un correo falso, en nombre de una dirección educativa de Lima, para que escuelas organizaran eventos sobre Ucrania el 21 de mayo de 2026. Según la compañía, medios de Perú y Polonia publicaron notas coincidentes y un eurodiputado polaco reaccionó.
En Ecuador, otro correo falso buscó una ceremonia escolar de lealtad a políticos, y el ministro de Educación desmintió el hecho. En Bolivia, a fines de mayo y en plena ola de protestas, circuló un audio falso atribuido a un trabajador de la empresa estatal de agua EPSAS, que fue desmentido oficialmente. Los operadores también dijeron haber difundido un audio sobre supuestos límites al retiro de efectivo del Banco Central de Bolivia, algo que OpenAI no pudo corroborar. Esas afirmaciones deben leerse con cautela, porque los operadores se atribuían hechos ajenos, como posturas históricas de Argentina sobre las Malvinas.
Conclusión
La reflexión del informe es que la IA no inventó la desinformación, sino su uso indebido aceleró tareas de operaciones que ya existían, como redactar, traducir y reportar. El mayor alcance, según el análisis de 30 operaciones, lo lograron las que colocaron contenido en medios reales y no las que dependieron de cuentas falsas.
Para el mercado, esto interpela a medios y editores que reciben colaboraciones externas, incluidos los especializados en cripto, y a las audiencias ante audios y cartas virales. .
